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Julio 17, 2026
SAPIENZA: LA PALABRA QUE ELEGIMOS PARA CONTARNOS

¿Sabían que hay palabras que se eligen por su sonido y otras porque, desde hace siglos, ya sabían decir aquello que queríamos expresar?
Una palabra con raíces profundas.
Sapienza proviene del latín sapientia, derivado del verbo sapere. Curiosamente, antes de significar "saber", significaba "tener sabor". El conocimiento nació unido a la experiencia. Saber no era acumular información, sino aprender a distinguir, apreciar y comprender el mundo con todos los sentidos (Treccani, s.f.).
No es casual que una de las universidades más prestigiosas de Europa lleve este nombre. La Sapienza de Roma, fundada en 1303, nos recuerda con su lema, Il futuro è passato qui ("El futuro ya pasó por aquí"), que el conocimiento auténtico honra sus raíces mientras construye el porvenir.
Esa es también nuestra inspiración. Elegimos SAPIENZA porque habla de conocimiento, pero también de reflexión, discernimiento y experiencia, principios que dialogan con la visión humanista de Luigi Pirandello.

Nos renovamos sin perder nuestras raíces
Toda transformación implica movimiento, no ruptura.
Por eso renovamos nuestra imagen y este espacio de comunicación para hacerlo más dinámico, cercano y participativo, sin perder su esencia: seguir siendo el lugar donde estudiantes, docentes, familias y directivos comparten ideas, aprendizajes y experiencias.
Porque las raíces no son un ancla; son el punto de partida para crecer.
El saber que no cabe en un examen
Durante mucho tiempo asociamos el aprendizaje únicamente con los conocimientos académicos. Sin embargo, saber también es aprender a vivir: reconocer las propias emociones, comprender las de los demás, actuar con criterio y tomar decisiones responsables.
La investigación educativa respalda esta visión. El marco de aprendizaje socioemocional de CASEL identifica cinco competencias esenciales para el desarrollo integral: autoconocimiento, autogestión, conciencia social, habilidades relacionales y toma de decisiones responsable (CASEL, 2020).
Por eso creemos que educar no consiste únicamente en enseñar contenidos. También significa formar personas capaces de convivir, liderar, cuidar de sí mismas y de los demás.
Una invitación
Cada edición de SAPIENZA será un espacio donde el conocimiento se piense, se dialogue y se viva. Aquí encontrarán logros académicos, proyectos, experiencias e historias que reflejan el crecimiento de nuestra comunidad.
Después de todo, si el saber nació del sabor, solo queda preguntarnos: ¿qué sabor tendrá esta nueva etapa?
Bienvenidos a SAPIENZA.
Referencias
• Treccani. (s.f.). Sapiènza. Vocabolario Treccani. https://www.treccani.it/vocabolario/sapienza/
• CASEL — Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning. (2020). El modelo CASEL de competencias SEL. https://casel.s3.us-east-2.amazonaws.com/CASEL-Wheel-Spanish.pdf
Por: Alejandra Garay - Rectora
Agosto 31, 2026
NARRAR NUESTROS ORÍGENES: HISTORIAS QUE HABITAN NUESTRA MEMORIA

¿Qué historia de nuestra familia merece seguir siendo contada?
Todos guardamos historias que no aparecen en ningún libro.
Pueden estar en una canción que aprendimos de nuestros padres, en un refrán que escuchamos repetidamente en casa, en una receta familiar, en una celebración, en un juego de infancia o en aquella anécdota que los abuelos cuentan una y otra vez. Parecen recuerdos cotidianos, pero tienen un enorme valor: nos ayudan a comprender quiénes somos y de dónde venimos.
En el Colegio Luigi Pirandello entendemos que la enseñanza del lenguaje también puede ser una oportunidad para acercarnos a esas historias. Por eso, en el marco de la celebración del Día del Idioma 2026, el área de español propuso una experiencia alrededor de la tradición oral y escrita, invitando a los estudiantes a explorar relatos familiares, refranes, coplas, trabalenguas, canciones y costumbres que hacen parte de nuestra identidad. Bajo el lema de Sapienza 2026, “Raíces que nos unen”, la palabra se convirtió en un puente entre generaciones.

La lengua también guarda nuestra historia.
Cuando pensamos en aprender español, solemos relacionarlo con leer, escribir, comprender textos o expresarnos correctamente. Sin embargo, una lengua es mucho más que un conjunto de reglas.
También contiene las maneras en que una comunidad nombra el mundo, cuenta sus experiencias, expresa sus emociones y transmite aquello que considera importante.
En Colombia, esa riqueza se hace especialmente visible en la diversidad de expresiones, relatos, acentos, canciones y formas de narrar que encontramos en sus diferentes regiones. Por eso, acercar a nuestros estudiantes a la tradición oral no significa simplemente enseñarles expresiones del pasado. Significa ayudarles a reconocer que las palabras que escuchamos también pueden ser parte de nuestra identidad.

Una conversación con un abuelo puede convertirse en una fuente de conocimiento. Un refrán puede abrir una discusión sobre los valores y las decisiones cotidianas. Una canción puede conducirnos hasta una historia familiar. Una copla puede mostrarnos cómo el lenguaje expresa humor, creatividad y sentimientos. La palabra, entonces, deja de ser solamente contenido académico y se convierte en una experiencia de vida.
Escuchar también es aprender.
Uno de los aprendizajes más significativos de esta experiencia fue recuperar el valor de escuchar. En una época en la que gran parte de la comunicación ocurre rápidamente a través de pantallas y mensajes breves, detenernos para escuchar a otra persona requiere tiempo y atención.
Preguntar a nuestros familiares mayores por su infancia, sus costumbres o las historias que recuerdan puede abrir conversaciones que normalmente no tendríamos.
Y cuando un niño o un joven pregunta: “¿Cómo era tu vida cuando tenías mi edad?” no solamente está buscando una historia.
Está construyendo un puente. Las experiencias desarrolladas desde el área de español permitieron precisamente eso: que los estudiantes reconocieran en sus familias una fuente de relatos, conocimientos y expresiones culturales.
Así, investigar dejó de significar únicamente buscar información en libros o en internet. También significó preguntar, escuchar, registrar y valorar la memoria de quienes nos rodean.
Refranes, coplas y canciones: pequeñas expresiones, grandes aprendizajes.
La tradición oral tiene una característica especial: puede transmitir mucho utilizando muy poco.
Un refrán puede resumir una experiencia.
Una copla puede expresar una emoción.
Una canción puede conservar el recuerdo de un lugar o de una persona.
Un trabalenguas puede convertir el lenguaje en juego.
Estas expresiones permitieron que los estudiantes comprendieran que la lengua puede cumplir diferentes propósitos: informar, enseñar, divertir, emocionar y preservar la memoria.

Pero también tuvieron la oportunidad de crear. A partir de las expresiones tradicionales, imaginaron nuevas coplas, jugaron con las palabras y relacionaron estos recursos con situaciones de su propia realidad. Este aspecto resulta fundamental.
Conservar una tradición no significa repetirla de manera idéntica.
Una tradición permanece viva cuando las nuevas generaciones la conocen, la comprenden y encuentran nuevas formas de expresarla.
De la familia al aula.
Cuando una historia familiar llega al salón de clase, ocurre algo interesante: una experiencia personal puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje colectivo.
Un estudiante comparte una expresión que utiliza su familia y otro descubre que también la ha escuchado en casa. Una canción despierta un recuerdo. Una receta permite hablar de una región. Un relato familiar conduce a preguntas sobre el pasado.
De esta manera, las diferencias entre las experiencias de cada estudiante dejan de ser una distancia y se convierten en una oportunidad para conocerse mejor.
La educación también consiste en aprender a reconocer que cada persona tiene una historia y que esas historias pueden enriquecer la vida de una comunidad. Por eso, trabajar la tradición oral en la escuela contribuye no solo al desarrollo de habilidades comunicativas, sino también a fortalecer la capacidad de escuchar, dialogar, preguntar, interpretar y valorar otras experiencias.
Nuestras raíces no están solamente en el pasado
Hablar de raíces puede llevarnos a pensar únicamente en aquello que heredamos. Sin embargo, nuestras raíces también se construyen con lo que decidimos conservar. Cada generación recibe historias y tiene la posibilidad de mantenerlas vivas, transformarlas y compartirlas con quienes vienen después.
En este sentido, enseñar a nuestros estudiantes a valorar sus tradiciones no significa invitarlos a mirar únicamente hacia el pasado. Significa darles herramientas para comprender su presente. Un niño que conoce las historias de su familia puede descubrir nuevas preguntas sobre su identidad. Un joven que reconoce el valor de una tradición puede comprender mejor la diversidad cultural de su país. Y una comunidad que escucha sus diferentes voces puede encontrar más razones para reconocerse como parte de una historia compartida.
Una invitación para nuestras familias La experiencia del Día del Idioma puede continuar en casa con algo muy sencillo: una conversación. Preguntemos a nuestros padres, abuelos o familiares: ¿Qué historia de tu infancia nunca quisieras que se olvidara?

También podemos preguntar por un refrán, una canción, una receta, un juego o una costumbre que haya acompañado a nuestra familia durante años.
Escuchemos sin prisa. Podemos escribir la historia, grabarla con autorización, ilustrar o simplemente compartirla con otros miembros de la familia. Tal vez descubramos que aquello que parecía una pequeña anécdota contiene una parte importante de nuestra historia.
Para llevar a casa…
Una conversación, una memoria.
Esta semana, dediquemos unos minutos a escuchar una historia familiar que todavía no conozcamos.
Después, hagámonos una pregunta:
¿Qué podemos hacer para que esa historia continúe siendo parte de nuestra familia?
Porque educar también es ayudar a nuestros niños y jóvenes a reconocer sus raíces, valorar las historias de los demás y comprender que cada generación tiene la responsabilidad de recibir, transformar y transmitir aquello que merece permanecer.
En el Colegio Luigi Pirandello creemos que la palabra puede hacer precisamente eso: unir generaciones, conservar memoria y ayudarnos a comprender quiénes somos. Y quizá por eso nuestras historias siguen teniendo sentido cuando encontramos nuevas voces dispuestas a contarlas.
Por: Tivisay Gómez - Líder del Área de Español
Septiembre 3, 2026
ORGULLO DE SER COLOMBIANOS: NUESTRAS RAÍCES Y TODO AQUELLO QUE NOS UNE

¿Qué significa ser colombiano?
Ser colombiano es mucho más que haber nacido en un territorio. Es reconocer una historia compartida, valorar la diversidad de culturas que hacen parte de nuestro país y comprender que nuestras diferencias también pueden convertirse en una fuente de riqueza y aprendizaje.
Durante el primer y segundo trimestre de 2026, el Área de Ciencias Sociales del Colegio Luigi Pirandello convirtió las aulas en espacios para reflexionar, analizar y descubrir diferentes aspectos de nuestra identidad. A través de lecturas, debates, investigaciones y proyectos, los estudiantes exploraron la historia, la geografía, la economía, la filosofía y la participación ciudadana para comprender mejor el país que habitamos y la sociedad que ayudamos a construir.

Aprender a participar también es aprender a ser ciudadanos.
La formación ciudadana tuvo uno de sus escenarios más significativos durante el proceso de elección del Gobierno Escolar.
A través de campañas, socialización de propuestas y jornadas de votación, los estudiantes tuvieron la oportunidad de acercarse a principios fundamentales de la democracia como la participación, la representación y el liderazgo.
Más allá de elegir representantes, esta experiencia permitió comprender que participar implica escuchar, proponer, tomar decisiones y asumir responsabilidades frente a una comunidad. De esta manera, el ejercicio democrático se convirtió en una experiencia concreta para fortalecer el compromiso con una comunidad educativa más participativa e inclusiva.

También, la conmemoración del Día Internacional del Trabajo permitió reflexionar sobre la dignidad del trabajo, los derechos de los trabajadores y el valor de las diferentes profesiones y oficios que contribuyen al desarrollo de la sociedad.
Desde los distintos niveles educativos, los estudiantes pudieron relacionar estos aprendizajes con valores como el esfuerzo, la responsabilidad y el servicio a los demás, vinculados con la construcción de identidad y ciudadanía.
Nuestras raíces comienzan por reconocer nuestro entorno.
El camino hacia la identidad no comienza únicamente cuando estudiamos grandes acontecimientos históricos. También empieza cuando aprendemos a reconocer quiénes somos, quiénes nos rodean y qué lugar ocupamos dentro de una comunidad.
Por eso, desde preescolar, los estudiantes iniciaron este recorrido a partir de experiencias cercanas relacionadas con la familia, las profesiones, la convivencia y las personas que hacen parte de su entorno. Mediante juegos de roles, canciones, cuentos y experiencias colaborativas, comenzaron a comprender el valor del trabajo, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad y la participación.
En primaria, la mirada se amplió hacia Colombia: sus regiones, tradiciones, símbolos patrios y manifestaciones culturales. También se abordaron temas relacionados con el cuidado del medio ambiente, los recursos naturales y el patrimonio cultural.

Estos aprendizajes permitieron reconocer que nuestro país está construido a partir de múltiples culturas, costumbres y formas de vida que enriquecen nuestra identidad colectiva.
Comprender el pasado para entender el presente.
A medida que los estudiantes avanzan en su formación, las preguntas también se hacen más profundas.
En noveno grado, el estudio de acontecimientos políticos, económicos y sociales de la primera mitad del siglo XX permitió analizar procesos que transformaron el mundo contemporáneo y relacionarlos con el desarrollo de las sociedades y la economía.
En grado décimo, el acercamiento a las comunidades indígenas precolombinas permitió reconocer la relación entre territorio, organización social y expresiones culturales, así como valorar el legado de los pueblos originarios y su presencia en muchas de nuestras costumbres, tradiciones y conocimientos.
Por su parte, el grado undécimo amplió la mirada hacia África y América y hacia los procesos históricos que dieron origen a la cultura latinoamericana. Este recorrido permitió reflexionar sobre las diferentes herencias culturales que convergen en nuestra región y reconocer la diversidad como una fortaleza para la convivencia y la construcción de ciudadanía.
Pensar la economía, cuestionar el mundo y construir argumentos.
Las Ciencias Sociales también nos ayudan a comprender situaciones que hacen parte de nuestra vida cotidiana.
Desde las asignaturas de Ciencias Económicas y Políticas, los estudiantes exploraron temas relacionados con el desarrollo sostenible, la economía, los indicadores macroeconómicos y el sistema financiero, buscando comprender los desafíos que enfrenta Colombia y el mundo y la manera en que las decisiones económicas pueden impactar la vida de las personas.
En Filosofía, el pensamiento crítico ocupó un lugar central. El estudio de diferentes corrientes filosóficas y pensadores permitió fortalecer la capacidad de argumentar, analizar perspectivas y construir opiniones fundamentadas frente a situaciones del entorno.
Así, aprender Ciencias Sociales no significa únicamente conocer fechas, acontecimientos o conceptos. Significa aprender a preguntar, analizar, escuchar diferentes perspectivas y construir argumentos para participar de manera consciente en la sociedad.
De nuestras raíces hacia el mundo
Reconocer nuestras raíces también implica comprender que Colombia hace parte de una comunidad mucho más amplia.
Como parte de este proceso formativo, está prevista la realización de CLP MUN II: “Raíces locales, sueños del mundo”, una Simulación de Naciones Unidas en la que los estudiantes asumirán diferentes roles para debatir problemáticas locales, nacionales y globales y proponer posibles soluciones.
Esta experiencia permitirá fortalecer habilidades como la investigación, la argumentación, la oratoria, el trabajo colaborativo y la resolución pacífica de conflictos. También será una oportunidad para comprender que, aunque pertenecemos a diferentes culturas y naciones, compartimos desafíos que requieren diálogo, cooperación y respeto.
De esta manera, los aprendizajes desarrollados en Ciencias Sociales trascienden las aulas y se convierten en herramientas para formar ciudadanos críticos, participativos y comprometidos con la construcción de un mundo mejor.

Conocer nuestras raíces para transformar nuestro futuro.
Sentir orgullo de ser colombianos no significa desconocer nuestras diferencias. Significa reconocer la diversidad de historias, culturas y experiencias que han contribuido a construir nuestro país.
Nuestras raíces indígenas, africanas, europeas y mestizas hacen parte de un patrimonio común que nos invita a valorar quiénes somos y a asumir la responsabilidad de construir una sociedad más justa, democrática y solidaria.
En el Colegio Luigi Pirandello, estudiar Ciencias Sociales es también aprender a mirar nuestro pasado para comprender el presente y participar en la construcción del futuro.
Porque conocer nuestras raíces no significa quedarnos en el pasado: significa encontrar en ellas herramientas para transformar positivamente aquello que todavía está por construir.

Para llevar a casa…
En familia, podemos recuperar una pequeña parte de nuestra propia historia: preguntar a nuestros padres, abuelos o familiares mayores por el lugar donde nacieron, una tradición que recuerden o un acontecimiento que haya marcado a nuestra familia.
Después, podemos preguntarnos:
¿Qué parte de nuestra historia familiar queremos conservar y transmitir a las próximas generaciones?
Reconocer nuestras propias raíces es también una manera de comprender que cada historia familiar hace parte de una historia colectiva.
Por: Andrea López - Líder del Área de Ciencias Sociales
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